SEMBLANZA DEL DR. RAFAEL AQUILES UREÑA HARVEY (1 de 2) por Lic. Bolivar Ureña.
Finalizaba el verano de 1945, mes de septiembre, nace en la ciudad de Montecristi el cuarto hijo del matrimonio de Rufo Ureña Fernández y Margarita Harvey Álvarez. A ese niño se le puso el nombre de Rafael Aquiles. Para entonces su padre era militar, alcanzando el rango de Segundo Teniente del E.N., y su madre practicante de enfermería, profesión que completaría años después en cursos intensivos realizados en Puerto Plata, graduándose de Auxiliar de Enfermera. Después de Rafael nacen cuatro hijos más, completándose así una prole de ocho hermanos.
Fue Rafael el típico niño de ese pueblo; amante del béisbol, afición que mantiene, y de los baños, bajo el candente sol de Montecristi, en la playa del Morro, amén de los juegos infantiles de la menudería de la época. Realiza sus estudios primarios y secundarios en la misma ciudad: los primeros en la Escuela Rosa Smester y los segundos en el Liceo José Martí. Aunque de contextura endeble y frágil, la que aún conserva, no fue enfermizo y sí osado e inteligente; amante de la poesía romántica, devoraba los libros en boga por aquel tiempo, principalmente los de Vargas Vila, Héctor J. Díaz y José Ángel Buesa.
Concluidos sus estudios secundarios ingresa a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, estaba finalizando el año 1969. A lo largo de sus estudios universitarios muchas cosas debieron pasar, y en consecuencia, que le tocaban directamente; como aquello que un día terminada una clase en el Hospital Moscoso Puello, toma el autobús de la universidad para ir al comedor de la misma donde comía diariamente; el vehículo fue interceptado por dos carros de la policía y escoltado hasta la cárcel del Ensanche La Fe; ¡Veinte días presos los estudiantes que no tenían “cuña” entre ellos Rafael!
Pasada esa amargura sin sentido ni justificación, le preguntamos: Rafael por qué te metieron preso? Por estar de muerto de hambre, porque yo lo que iba era a comer! Fueron años difíciles, de mucha turbulencia política que se reflejaban en el campus universitario; persecuciones a jóvenes, estudiantes o no, casi siempre inmerecidas e injustificadas, sólo porque se veía en ese sector poblacional la vanguardia de la lucha que se había iniciado con la Revolución de Abril y continuado a lo largo de los doce años del Gobierno de Balaguer. Rafael no fue un estudiante de militancia política, pero como toda la juventud de la época, rechazó el sistema y protestó las injusticias.
El sistema imperante generaba muchas y duras protestas en la Universidad, lo que provocaba el cierre forzoso por parte del gobierno y la consiguiente interrupción de la docencia. Era difícil la vida en la capital para los jóvenes que como Rafael procedían del interior del país, más aún, siendo de origen humilde. Muchas anécdotas hay en aquel comedor universitario y los comedores económicos del Estado: unas graciosas, otras dolorosas. Con todo, la determinación, la voluntad y la reciedumbre de carácter pudieron más que las vicisitudes y los desalientos que, lógicamente, creaban aquellas circunstancias difíciles.
Así en el año 1978 concluye el Pensum, y se traslada a Mal Passé, lugar inhóspito de la Provincia Independencia que parte frontera con la República de Haití, donde realiza la pasantía. En 1979 obtiene el título de Doctor en Medicina, y después de un año de peripecias y práctica privada en la capital
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