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CRONICAS DEL TIEMPO

El Mundo de Darwin. por J. R. Albaine Pons (1 de 3)

El mundo científico celebra el 2009 como el Año de Darwin. Pero Charles Darwin permanece para la gente común un personaje oscuro. Bueno, no tanto. En Inglaterra, desde el año 2000, los billetes de 10 Libras Esterlinas tienen la foto de Darwin y el sitio-web Darwin-online.org.UK ha recibido más de 50 millones de visitas desde el 2006. Pero en los Estados Unidos, por ejemplo, el 48 % de la población cree que los seres humanos fueron creados por Dios hace unos 10,000 años.

En Europa el 30% de la población no acepta la evolución. Tampoco lo hace el Islam, valga la aclaración, y en Turquía, los grupos islamistas radicales importan literatura antidarwinista y sobre “creacionismo” desde los Estados Unidos para contrarrestar la enseñanza de la evolución. ¡Si de contradicciones políticas hablamos, esa es una buena!

Quizás este año 2009, con todas las actividades planificadas sobre la vida de Darwin y su teoría de la evolución en el mundo académico y científico, coloque la evolución darwinista como un icono cultural, igual que Einstein y la relatividad o Freud y el psicoanálisis en su época. Quizás no. El darwinismo es muy radical, destruye mucho de lo que consideramos la base de nuestra cultura. Y ya tenemos experiencia: el radicalismo político y el religioso son esencialmente emocionales, crean el efecto de masas; el radicalismo intelectual del darwinismo requiere educación y conocimiento, la emoción masificada no juega ningún rol en su aceptación.

¿Y cómo surge la idea de la evolución darwinista? ¿Fue Darwin un genio aislado, o una cima de las ideas científicas del siglo XIX? La pregunta anterior no es culturalismo. No preguntamos si la evolución es una “construcción social” o una teoría científica sólidamente fundamentada. La respuesta a ese enfoque particular ya fue ofrecida con pocas dudas por el filósofo M. Russe en su libro “Mysteries of Mysteries” de 1999: y es a favor de la independencia gradual y por méritos internos de la ciencia en general, y de la teoría de la evolución en particular, sobre el ambiente cultural general de una sociedad dada.

Lo que queremos presentar es que la evolución orgánica y el origen de especies y de la biodiversidad observada en el planeta era un problema intelectual para los científicos y naturalistas especialmente del siglo XIX.

Algunos historiadores postularon que ya en el siglo XVIII la idea de la evolución se pensaba y argumentaba. En Francia con Buffon y Diderot y en Alemania con Goethe y E. Kant, principalmente. Este último escribió: “la Creación nunca termina. Una vez presentó un inicio pero nunca cesará”. Una idea herética y revolucionaria, pero defensora de nuevos orígenes o de transformismo, no de evolución.

Mención especial merece Buffon. George-Louis Leclerc, Conde de Buffon, quien escribió en 44 tomos su “Historia Natural”, conocidos en francés- o en sus múltiples traducciones- por toda persona educada de la época. No que fuese fácil lidiar con la censura, ni siquiera para el gran Buffon. La Iglesia afirmaba como dogma de fe que el mundo tenía 4,000 años de antigüedad y era herejía refutar esa fecha. En 1749 el propio Buffon tuvo que variar sus opiniones sobre la edad de la Tierra ante las observaciones de los teólogos de La Sorbona de París. Pero llegó a escribir: “Todos los animales descienden de un único animal…como resultado del progreso o de la degeneración…” “Pero esta no es una apropiada visión de
la naturaleza. Nos asegura la autoridad de la revelación que todos los animales han participado por igual de la Gracia de la creación directa…” ¡ Sabichoso, muy sabichoso el Buffon ese!, aunque en 1779 se atrevió a afirmar que la edad de la Tierra era de ¡168,000 años!.

El inmenso trabajo de Buffon inspiró, orientó y marcó a dos generaciones posteriores de naturalistas europeos. En especial a su protegido Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, caballero de Lamarck y al gran zoólogo y creador de la paleontología George Cuvier.

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