Montecristi en el perfil de la historia. (y 2 ) por Lic. Bolivar Ureña
Dos años de ardua labor conspirativa dieron fin a la relativa “paz” que vivía la colonia y el 21 de Febrero en Guayubín, se enciende la tea de la libertad. Leamos como lo describe Archambault, cito: “todo estaba listo para el golpe colectivo, cuya preparación había llevado a Sabaneta como expreso de Puerto Plata, al joven Gregorio Luperón, por entonces un desconocido”.
“Pero una circunstancia inesperada dañó el plan, obligando al precipitarlo. Norberto Torres, uno de los más briosos patriotas, durante un acceso de embriaguez en casa de una querida suya, en Guayubín, fue saludado por un soldado español que le llamó “paisano” ¿paisano yo de usted? Le contestó airado Norberto – dentro de cinco días ustedes sabrán lo que les viene encima…”
Lógicamente, aquella amenaza imprudente trajo como consecuencia de delación y la precipitación de los acontecimientos. Aparecen entonces los nombres de los grandes hombres de la Restauración de la República, muchos de los cuales descansan en el Cementerio Municipal de aquí, en tumbas dispersas y mal presentadas, cuando debieron estar en panteón a su altura de patriotas, para que sirvan de estímulo a las presentes y futuras generaciones.
Luego de un año y un mes de iniciada la lucha, el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte regresa de Venezuela, para incorporarse como soldado en la Revolución que ya iba tomando cuerpo y lo hace precisamente por esa playa que hoy como ayer observa límpida y azul a esa querida ciudad de Montecristi. Este acontecimiento, junto con la estancia de Gómez y Martí en esta ciudad, cuando preparaban la invasión a Cuba para la lucha por la Independencia, juntó, aunque en tiempos diferentes, a dos grandes de la libertad de América en este mismo lugar que sería siempre recordado cuando de libertad, entereza y sublime pensamiento se trate. El doctor Pedro Troncoso Sánchez, biógrafo por excelencia de Duarte, en su “Vida de Juan Pablo Duarte”, narra con notoria emoción el acontecimiento:
“Ante su vista tenían aquellos héroes la Bahía de Manzanillo, y luego al rebasar la punta de los Hicacos vislumbraron al Noreste la eminencia del Morro, que avanzando imponente hacia el mar les parecía en aquellos momentos como un dramático reclamo de ayuda ultramarina a la desesperada lucha o como un saludo anticipado a ellos”, y sigue diciendo:
“Después de avistada, examinada, custodiada y atracada la pequeña nave al muelle de Montecristi y una vez establecida la identidad de los pasajeros por las autoridades en el lugar, aquellos los acompañaron a través de trincheras ocupadas por gente sobre las armas, con alguna artillería, hasta presentarlos al jefe de operaciones de la zona General Benito Monción, héroe de las jornadas de agosto y septiembre de 1863. Al cerciorarse de quienes eran y el objeto de su viaje, el combatiente restaurador expresó indecible satisfacción y los colmó de atenciones. Los presentó a las tropas y éstas los aclamaron con vivas y aplausos”.
El día 26, Duarte, Vicente Celestino (su hermano), Marino Diez (tío), Manuel Rodríguez Objío (joven periodista que sirvió como secretario particular del patricio) y Candelario Oquendo (venezolano que se unió a los cuatro patriotas), salieron hacia Guayubín, a donde Monción quiso acompañarle y donde yacía aquejado de grave enfermedad el patricio Matías Ramón Mella, dolencia ésta que en poco tiempo acabaría con su vida en la ciudad de Santiago.
La larga guerra de la Restauración está salpicada de hazañas y hechos heroicos y en todos participaron esos adalides que forjaron la historia del país y que eran oriundos de estas comarcas. Sin embargo, salvo los trazos dejados en los libros no conservamos monumentos, ni museos que recuerden a esos personajes y esas efemérides, si omitimos el monumento de Capotillo y el pequeño monumento a los Restauradores de la República. ¡En estas tierras donde nacieron y donde hicieron historia!
No podemos cerrar este esbozo de la participación de Montecristi y sus comarcas en la guerra restauradora sin hacer mención de que fue por esta bahía que desembarcó la mayor flota española para combatir aquel levantamiento patriótico. Se conoce como la invasión de La Gándara. Veintidós barcos y más de 17,000 soldados surcaron ese mar y desembarcaron atravesando, la milicia, la ciudad con alguna resistencia; la superioridad en hombres y armas se impuso aunque no pudiendo apagar la tea liberadora que se convirtió en focos de guerrillas que importunaron al invasor desconcertándolo hasta que al fin fue empujado hacia Santiago.
Aquí también estuvo como jefe operaciones de la plaza el archifamoso brigadier Manuel Buceta, quien fue derrotado por Monción, Pimentel, Salcedo y otros hasta que huyendo fue a refugiarse a Santiago para después escapar por Puerto Plata. Si fuéramos a tocar cada arista del perfil histórico de Montecristi, tendríamos para un libro y bastante voluminoso, por cierto.
Después del período revolucionario que culmina con la partida de los españoles en 1865, el país entra en una etapa de convulsión política y social, lo que dio origen a la época de las montoneras. La Línea Noroeste, se destaca como ninguna otra región en esas luchas fraticidas, distinguiéndose en ellas muchos que nacieron después de la Restauración, pero otros, los menos que habían adquirido algún nombre y eran respetados en sus predios. Los más representativos de esta región fueron Desiderio Arias y Demetrio Rodríguez, héroes de leyenda en la Línea Noroeste. El primero muerto por el tirano Trujillo en 1931 y el segundo en Puerto Plata en circunstancias históricamente confusas.
Hay un acontecimiento histórico que registra la historia de Montecristi, que tuvo grandes repercusiones en el gobierno del dictador Ulises Heraux. Nos referimos a la invasión del expresidente Juan Isidro Jiménez, que se conoce en la historia como la invasión del “Fanita”, nombre del barco que trajo a aquellos que quisieron decapitar la tiranía, pero que no tuvieron éxito, aunque le creó serios problemas políticos al dictador. Fue por aquí que se inició ese levantamiento y era de aquí o estaba emparentado aquí el líder de ese movimiento democrático.
Instaurada la tiranía trujillista, Montecristi no descansa, entregando sus mejores hijos a la lucha por la libertad. Desde el mismo 1931, Desiderio Arias lanza una proclama poniendo en aviso el carácter criminal del gobierno que recién inauguraba, hecho que le costó la vida. Son muchos los episodios que se cuentan de hombres y mujeres que fueron perseguidos, otros muertos, muchos, incluso familias enteras tuvieron que emigrar por su defección al régimen.
Esa tradición patriótica, llevó a muchos hijos de esta tierra al exilio y luego a inmolarse en la expedición de la raza inmortal del 14 de Junio de 1959; a seguidas la fundación del movimiento 14 de Junio, ideado, organizado y esparcido por todo el país, por el más puro político que parió este país en el siglo XX: el inmenso Manuel Aurelio Tavarez Justo (Manolo). Lo entregaron todo y cuando ya la ambición de los gobiernos de turno no les dio espacio para la lucha política cumplieron su palabra empeñada con la Patria. Ofrendaron su vida por la libertad, la justicia y la constitución usurpada, dejando en Manaclas su preciosa vida, pero también su ejemplo, en banderas de honor que nunca serán arriadas, ni podrán ser manchadas, como quedaron la vida y la conciencia de aquellos que cometieron el horrendo crimen.
¡Loor a todos los héroes y heroinas de Montecristi! Aquí están Manolo, La Cuca, Cabrerita, Caonabo Abel, Monchi Martínez, Minerva Mirabal y todos los que de una u otra forma estaban y están con nosotros por la justicia, la libertad y la paz.
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